martes, 28 de febrero de 2012

Un primer día, un primer contacto: Tomás Domingo Moratalla entre la Bioética y la responsabilidad


Reportaje fotográfico Esteban González.

Este lunes arrancamos en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, con la colaboración de la ULL, las XVII Jornadas de Ética y Política. No se entendería, sobre todo por las generaciones más jóvenes –eminentemente importantes en estos momentos y en todos- el sentido de estas jornadas si no citáramos una frase dicha por el director del ISTIC, Juan Pedro Rivero, en la presentación de estas Jornadas. Ante la presencia en la primera fila del Obispo de la Diócesis, Bernardo Álvarez, que escuchaba detalladamente, recordó Rivero que “estas jornadas nacieron en 1998 ante la necesidad de la reflexión, en el ámbito del Diálogo Fe-Cultura”. Y es que el ISTIC sigue reflexionado y se ha de congratular de que entre los más de 50 matriculados para esta edición, más del 70 por ciento sean rostros jóvenes, y el otro 30 por ciento, personas con un espíritu totalmente joven que quieren acercarse al Salón de Actos del ISTIC para indagar estos tres días sobre “Bioética y cine”, y lo que es más para escuchar los lances aclaratorios sobre la responsabilidad y la bioética que propone el ponente para esta ocasión, la XVII, Tomás Domingo Moratalla.

“Bioética: una ética de la responsabilidad. Un nuevo paradigma para nuevos desafíos”. Este lunes ha sido un primer día o un primer contacto con la Bioética, que ha dejado al aforo reunido en el ISTIC con un gusto a azúcar o miel entre los labios –algo necesario en estos malos tiempos de crisis-. No alegremente, sino con un trasfondo oratorio, Moratalla comenzaba su ponencia de apertura con la búsqueda o propuesta de la definición para bioética y aportaba el que la bioética ofrece métodos de análisis basados en la argumentación y el diálogo interdisciplinar, así como criterios y procedimientos para la toma de decisiones”. Es destacable, en este momento de su exposición, la cita de Potter, “necesitamos un conocimiento sobre el conocimiento”. Concretamente, Potter, bioquímico y oncólogo, ha sido el creador de la Bioética del siglo XX, desde el que se ha visto esta disciplina como una “ciencia de la supervivencia”.

Con un ánimo de seguir reflexionando en esta primera ponencia de Moratalla, el mismo ponente dejó en torno a sus propuestas de definición sobre Bioética una frase en el aire que sigue resonando hoy en el oído de muchos de los asistentes: “Aprender el arte de poder no tener razón”. Esa necesidad de diálogo entre las características que rodean al Bioética, deja de manera clarividente esa premisa en el aire y es que quizás desde ahí tengamos que partir en muchos ámbitos de la ciencia y de todos los espacios que rodean al ser humano: el no creernos con la verdad absoluta. Así, el profesor Moratalla nos destacaba que existen una serie de actitudes inadecuadas respecto a la Bioética: “El simplismo, el absolutismo y el relativismo”. Y es que ella, la Bioética, defiende ante todo “la complejidad”.

Igualmente, los temas de la Bioética nos llevan hacia la “Bioética Clínica” y la “Bioética Medioambiental”, ambas tan actuales hoy: la relación sanitario-paciente; los problemas del principio y final de la vida; la investigación biomédica; los animales, la atmósfera, la clonación, etcétera.

En este senido, tambien Hans Jonas refiriéndose al Principio de Responsabilidad señalaba que quizás en un determinado momento “en el desarrollo científico-tecnológico tengamos que parar”. Ya él en los años 80 de nuestro no tan lejano siglo XX se planteaba “qué mundo le estamos dejando a nuestros hijos”.

En fin, hemos de ver la responsabilidad, desde la visión de Moratalla, una excelente herencia en cierto modo de Paul Ricoeur, E. Levinas, K. O. Apel o el mismo Hans Jonas, como una magnitud de las consecuencias, una idea de la prudencia. La nueva ética, la Bioética, no puede desprenderse y separarse de la realidad del mundo hoy. Hemos de dejar de creernos Dios.

La Bioética se va al cine

Pero la tarde no se cerró sin “Bioética narrativa  y hermenéutica. La bioética se va al cine”. Así tituló Moratalla su segunda ponencia de esta primera tarde dentro de las XVII Jornadas de Ética y Política del ISTIC. Y es que el cine, el laboratorio de trabajo propuesto por el profesor de la Complutense, tiene mucho que decir en el método ofrecido por este especialista. Estamos ante la razón cinematográfica, una narrativa abierta.

De la misma forma, fueron repetidas las referencias a Julián Marías por parte de Moratalla, quien lo define cómo: “el cinéfilo que amaba la filosofía”.

Así, para Moratalla la fundamentación del encuentro de la Bioética y el cine es la HERMENÉUTICA. Se trata de aprender a deliberar a través del cine. Nos ofrece recuperar la imaginación: “Si queremos pensar las cuestiones bioéticas, también hay que pensar en contexto simbólico. Gracias al cine se amplía la experiencia”.

Pero sencillamente, este Filósofo se refiere al maridaje entre cine y Bioética, no desde el clásico uso de la explicación del tema ético primero y luego emplear el recurso del cine como complementario; ni siquiera al de –muy actual- priorizar primero la proyección de una película con temática bioética, y luego pasar a una especie de cineforum. No, la propuesta de Moratalla va más allá y es la de la HERMENÉUTICA, donde se quiere buscar un equilibrio entre el cine y la explicación bioética: es decir, el cine es una ocasión para la reflexión. Seguidamente, se pasó a desarrollar esa mímesis entre cine-bioética y se explicó: la prefiguración (antes de…), la configuración (la propia película); y la refiguración (después de…). Todo ello nos lleva nuevamente a la Bioética Narrativa. Sin embargo, la tarde la cerró volviéndonos a hacer reflexionar esta vez con una frase de Landero: “Perder narración es perder experiencia”. Hoy habrá más y nos meteremos en el laboratorio del CINE desde la Bioética.

Por Domingo J. Jorge, responsable de Comunicación del ISTIC.