martes, 28 de febrero de 2012

DESDE LA PALABRA: La Liturgia y sus libros


*Francisco J. Castro

La Liturgia es obra radical y total de Cristo y al mismo tiempo de la Iglesia, como se denomina por asociación. Cristo es fuente principal de sacramentos, oración y espiritualidad. La Iglesia es cuerpo terrenal y místico por mandato de Cristo.

La Liturgia tiene por finalidad la continuidad de la obra sacerdotal de Jesús, la santificación del hombre, el culto público y la acción sagrada (cfr. Sacrosanctum concilium nº 24, 33, 59, 60 y 122).

Por tanto, dicho lo anterior, pertenece a todo el Pueblo de Dios, por el bautismo, y se realiza mediante “gestos y palabras”, absolutamente indispensable para el creyente que quiera hacer vida de oración, una vida de ofrenda a Dios para el camino de conversión continua y de salvación.

La Liturgia se sustenta primero en las Sagradas Escrituras, luego en la Tradición y en el Magisterio de la Iglesia, a través del culto simbólico y sacramental; mediante signos y la Palabra revelada.

Su particularidad viene dada en la participación de la comunidad y en las actitudes espirituales de los miembros del Pueblo de Dios, y su evolución parte del Antiguo Testamento, mediante un pueblo que se siente elegido por Dios y que establece alianzas, hasta Cristo, que es la Alianza definitiva.

Por lo tanto, el culto está basado en el memorial de la esperanza y en una espiritualidad, desde Cristo, que agrade a Dios. En la sacramentalidad litúrgica es resultante:

-Dios: Es inmanente y trascendente.
-Cristo: Es una verdad ontológica.
-La Iglesia: prolongación en la tierra del Cuerpo del Señor.
-El hombre: Es signo y sacramento de Dios y Cristo.
-El mundo: Viene dada la sacramentalidad por la creación y por los misterios de Dios.

La Liturgia, como sacramento, se realiza mediante signos, que son significantes, y símbolos, que son mediadores. Todo símbolo es signo, no al revés. Se expresan en mitos y ritos, en forma de relatos y lenguaje corporal, respectivamente.

En el Concilio de Trento se determina el “ex opere operator”, es decir, que el sacramento es eficaz por la obra de Cristo y por la acción del Espíritu Santo. La gracia, que es la forma que Dios escoge para hacer partícipe al hombre de su esencia íntima, tiene soberanía e independencia. La gracia restaura al hombre, sana el pecado, transforma la vida. En gracia se está con Dios.

Para el desarrollo de la Liturgia y la oración, la Iglesia ha ido conformando unos libros litúrgicos, con la finalidad de evitar la improvisación, común en la Antigüedad.

A lo largo de la Historia de la Iglesia se ha venido pasando de la tradición oral a la escrita hasta llegar a los libros litúrgicos con que contamos en la actualidad, y se ha conformado en un orden que se denomina Año Litúrgico. Este ciclo está centrado en Cristo y en sus Misterios y comienza en el primer domingo de Adviento.

Bajo el Imperio de Carlomagno se fue dando orden a la vida de la iglesia y a la Liturgia. Aparecieron los “libelli”, libritos de formulación eucológica. Al pasar del rollo al codex surge el Sacramentario, como primer libro que reunía los “libelli”. La fuente más antigua que se conoce es el Sacramentario veronense, de la segunda mitad del siglo VI. Contiene formularios de celebraciones según el calendario civil de la época.

Tras la decadencia del Imperio y el influjo germánico aparecen los “ordines”, que eran auténticos libros de ceremonia. En el siglo XI, las reformas de Gregorio VII dan un nuevo impulso a la Liturgia y se toma mayor conciencia de la importancia de los libros.

Luego, Inocencio III (1198-1216) afronta la reforma de estos textos y los “libros mixtos” vienen a cubrir un vacío en la celebración; un libro para cada miembro de la celebración.

El Concilio de Trento da otro paso importante, con el Breviarium romanum (1568) y el Missale romanum (1570).

En el Barroco hay una decadencia espiritual, pero los fieles cuentan con libros de oración, y en la Ilustración se intenta una nueva reforma.

Hay que esperar al siglo XIX y sobre todo al XX, a partir de Pío X y el Concilio Vaticano II, para disponer de una praxis litúrgica muy completa y ordenada.
Fueron conformándose el Sacramentario, el Leccionario, el Antifonario, libros mixtos o plenarios, el Pontifical, el Misal, los rituales, el Breviario, Misal Romano y Liturgia de las Horas.

Para la lectura diaria de los fieles disponemos hoy del Diurnal, que viene ordenado según los momentos del Año Litúrgico.

Estamos en Cuaresma y es necesario un conocimiento preciso del significado del sacramento de la Liturgia, y valorar el esfuerzo que ha hecho la Iglesia en ordenar las celebraciones comunitarias y personal, centradas en la vida de Cristo y en la esperanza terrenal y escatológica. No hay que olvidar que la Iglesia y los fieles estamos guiados por el Espíritu Santo, y Dios en Cristo habla a través de estas palabras y los gestos de la celebración.

Por último, hay que insistir en la orientación y en la formación, y aparte de la guía espiritual que podamos encontrar en las parroquias, la enseñanza dogmática la centraremos en el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC). Desde luego, la Liturgia está entre las materias que todo creyente o estudiante de Teología –Ciencias Religiosas- deben tenerla con una clarificación evidente.

*Periodista. Estudiante en Tesina de Licenciatura en Ciencias Religiosas