miércoles, 13 de febrero de 2013

Ha fallecido uno de los primeros Licenciados en Ciencias Religiosas de nuestro Instituto

A Juan René – Por Alberto Griñén

En 1979 en mi vida hubo un auténtico huracán de inesperados acontecimientos. Con el devenir de los años, ¡es curioso!, es ahora cuando realmente puedo hacer una auténtica valoración. De todo lo que aconteció, sin la menor duda fue mi -inesperado- ingreso, como relaciones públicas de la Peña Rambla de Pulido. Joven, sin experiencia, con ganas de comerme el mundo, pero ahí estaban esas inmensas señoras y señores: Amid Achi (hoy Nº 1), Isidro Arvelo (Funeraria S/C), Miguel Batista (Floristería S/C), Manuel Navarro (Bulnes), Nena (La Joyería), Juan Name (René), Manuel Ramos (Somar), Laly (Tramunt), Toño Vela y otros colaboradores esporádicos. Con todos me unió, desde un principio, una fraternidad desconocida para mí, y sin desmerecer a ninguno, debo reconocer que Somar y Juan René casi me “adoptaron” bajo su poderosa arma ¡La experiencia! Pero hoy me corresponde escribir de Juan -mi hermano mayor-, que hace unos días fue llamado junto al Padre. Juan me adiestró, en todo lo que entendió me iba hacer falta en la vida, y el tiempo le ha dado la razón. Era un ser muy especial, con muchísimo carisma, con una visión de futuro inusual en las personas que yo conocía.

Ya en 1965, junto a su madre, Renee Name, y su tía Gloria Dib comenzaba su trayectoria de empresario en René. Aprendiz excelente de dos auténticas empresarias Las Tres Estrellas, que supieron sembrar en Juan las justas semillas para hacer brotar a un ser extraordinario. Su biografía es muy muy extensa, y en toda ella no he conocido a nadie que mínimamente hablase mal de Juan, ni de su familia, y en el mundillo en el que se movió… Destacar tan sólo una cosa, Juan tuvo la ilusión de obtener una licenciatura, y como en él era característico, lo consiguió, y no precisamente en una sencilla, optó por unir su sueño a su fe y estudió y licenció en Ciencias Religiosas-Teología, con una alta calificación. Pero esta impoluta carrera no hubiera sido realidad de no contar ¡siempre! a su lado con Isabel, su incondicional esposa, y con el trascurso de una vida con sus hijas Lara y Cristina. Juan ha emprendido el eterno viaje, pero Dios tendrá un problemazo dentro de nada. Seguro que Juan ya está diseñando una campaña para cambiar nubarrones por nubes de paz y amor, como el que él nos obsequió a todos los que tuvimos el honor de ser su familia, como a él le gustaba denominarnos. ¡Juan!, en nombre de todos…

¡Gracias!


En DIARIO DE AVISOS, martes 12 de febrero de 2013