martes, 3 de mayo de 2011

EL DÍA ENTREVISTA A MARÍA LOURDES GONZÁLEZ-LUIS, CATEDRÁTICA DE HISTORIA DEL PENSAMIENTO PEDAGÓGICO LATINOAMERICANO DE LA ULL


"El modelo de sociedad que hemos construido es perverso e insostenible"


El XX Congreso Internacional Diálogo Fe-Cultura "La ecología de lo humano", organizado por la ULL y el ISTIC, acogió la ponencia "Crisis en los Derechos Humanos", impartida por la doctora María Lourdes González Luis, catedrática de Historia del Pensamiento Pedagógico Latinoamericano de la ULL. Para esta pedagoga y pensadora tinerfeña, "no solo se está en una profunda crisis de los Derechos Humanos, sino lo que es peor, el modelo de sociedad que hemos construido es perverso e insostenible".

¿Los Derechos Humanos están en crisis?

La Declaración de los Derechos Humanos de 1948 es el resultado del modelo del socialismo/comunismo versus el modelo del neoliberalismo/capitalismo. Tenemos que liberarnos del terror y la miseria, según dicha declaración. El que muere de hambre muere víctima de un asesinato. Privar a alguien de alguno de esos derechos es privar de la dignidad al ser humano. Más de sesenta años después miles de millones de personas en todo el mundo están sufriendo inseguridad, injusticia e indignidad. En muchos casos, la crisis económica ha agravado aún más la situación arrastrando a la pobreza a millones de personas. La crisis consiste en escasez de comida, o más exactamente, monopolización y no distribución de la misma. Estamos ante uno de los períodos históricos de mayor complejidad. La actual crisis es muy compleja; es económica, ecológica, social, alimentaria... con consecuencias graves de injusticia y de violencia. El modelo de sociedad que hemos construido es perverso e insostenible.

Los dirigentes mundiales y nacionales, se olvidan en muchos casos del propio ser humano, pero hasta obvian su propia militancia como seres humanos. ¿No es esto una incoherencia?

Más de seis decenios de fracasos de los gobiernos en materia de derechos humanos se han visto agravados aún más por la crisis económica mundial, que ha traído a un primer plano los problemas de la pobreza y la desigualdad. Amnistía Internacional ha advertido que un "Nuevo Trato" mundial sobre derechos humanos debe rechazar un enfoque selectivo de estos derechos. Los dirigentes mundiales se están centrando en intentar reactivar la economía mundial, mientras ignoran los conflictos sangrientos que generan abusos masivos contra los derechos humanos. Y sí, seamos explícitos, seguramente es una incoherencia la deshumanización del "grupo de humanos" que condenan al resto a la inhumanidad.

¿Se educa desde los Derechos Humanos a las nuevas generaciones, o se deseduca?

Sería fácil atribuir al seno familiar o al ámbito escolar la culpa de las carencias morales; incluso es recurrente el discurso que desestima o condena a las nuevas generaciones por las pérdidas y sustituciones de valores. No, el problema no es de falta de educación o de deseducación. Es algo más simple y profundo a la vez. Optimistamente creímos en el poder de la educación como el motor del cambio; sin embargo, hemos ido pasando el testigo de generación en generación en la confianza de que los que vienen arreglen lo que los anteriores no pudieron. Confianza, a la postre, estéril y claudicante.

Frente a esta catarsis del ser humano hoy, ¿qué nos propone?

Tenemos que conformarnos, de momento, con descubrir señales, percibir destellos, abundar en los análisis críticos y las denuncias incómodas. Ayudar a provocar conciencias inquietas, insatisfechas. Sería algo así como apostar por una redagogía de la indignación, que ayude a emerger otro ver, otro juzgar, otro actuar. Desenmascarar, ofrecer resistencia, posicionarse en la disidencia. Diseñar otro "proyecto de mundo" frente al "proyecto mundial" que nos han vendido. Sentirnos co-responsables de la ruina o resurgir de lo humano, hondamente humano. Los diagnósticos, los tratamientos, aún son débiles y fragmentarios. Habrá que comprometerse y contribuir a la emergencia otras conciencias que aborden y encaren la única inversión posible: hay que cambiar las reglas del juego. Y sabemos que la oposición es demasiado fuerte. No interesa cambiar las dinámicas del pacto segregador y depredador.