martes, 31 de mayo de 2011

Fernando Lorente, un sacerdote que convivió con los enfermos


El pasado jueves 19, Tenerife recibía la triste noticia del fallecimiento de un sacerdote que ha dejado una gran huella dentro del pueblo tinerfeño, don Fernando Lorente, quien fue capellán del Hospital San Juan de Dios. Este abulense dedicó parte de su vida al acompañamiento de miles y miles de enfermos.

Fernando Lorente nació el 30 de julio de 1921 en Poyales del Hoyo (Ávila). Ingresó en el postulado de Ciempozuelos (Madrid) en 1971 y tomó el hábito de novicio al año siguiente. Fue ordenado sacerdote en la basílica de San Juan de Dios de Granada el 3 de noviembre de 1984 y ese mismo año fue enviado como capellán al Hospital que la Orden dirige en Tenerife, donde prestó servicio hasta el final de sus días. Su vida estuvo rodeada de atención a los más desvalidos y horas entregadas a sus innumerables artículos periodísticos, como la última serie que dedicó al beato Juan Pablo II.

El Padre Fernando Lorente fue un sacerdote sobresaliente. La orden de la que procede, los Hermanos de San Juan de Dios, no son originariamente sacerdotes pero, entre ellos, algunos con vocación sacerdotal, son ordenados para atender los mismos hospitales de San Juan de Dios y éste ha sido el caso del Padre Fernando Lorente, que ha compartido su tarea como sacerdote y hermano de San Juan de Dios en la Isla de Tenerife, en la Clínica San Juan de Dios.


A la figura y persona de don Fernando Lorente se refiere el Obispo de esta Diócesis, Bernardo Álvarez, quien lo recuerda como “una persona profundamente entrañable, cercano a la gente y paciente con todo aquel que lo requería”, señala. “No sólo hizo su servicio en San Juan de Dios sino también en las parroquias donde los sacerdotes le solicitaban su ayuda para confesar, celebrar la Eucaristía y predicar”. Sobre él también destaca el Obispo nivariense “su seria afición periodística, publicando semanalmente un artículo. Hace unos cinco días, estando hospitalizado con gran gravedad me comentó con interés la publicación de su último libro que acaba de recibir de imprenta, un texto sobre el beato Juan Pablo II”.


Don Fernando Lorente destinó su sacerdocio al servicio de los enfermos. “Era hermoso cuando visitaba San Juan de Dios verlo por el pasillo con el taca taca, caminando despacito, pero eso no le impedía acercarse a los enfermos a ofrecerles sus servicios espirituales”, señala Bernardo Álvarez. “Llevaba siempre una cestita en la andadora con sus estampas para dárselas a los enfermos. En definitiva, vivió para los enfermos y murió sirviéndolos”.

Fuente: Vida Sacerdotal. Contraportada DIARIO DE AVISOS, 31-05-11