lunes, 11 de junio de 2012

DESDE LA PALABRA: "El libro más vendido"


*Francisco Castro

La Biblia sigue siendo el libro más vendido de la “historia de la humanidad”, y también el más estudiado. No ha perdido este lugar en los últimos cincuenta años, tiempo en el que se han superado los 3.900 millones de copias. Recientemente, se ha conocido un estudio del novelista estadounidense, James Chapman, quien ha investigado sobre los diez  libros impresos más vendidos durante el pasado medio siglo. Chapman es escritor y editor, y combina un estilo de narrativa creativa con emotiva. Su estudio ha sido publicado en medios de comunicación de diversos países.


Pero, ¿qué es la Biblia? La Biblia es un libro de religión, no de historia; es el libro que contiene la palabra de Dios, pero esa palabra está insertada en la historia de la humanidad y en el tiempo del hombre. Dios elige a un pueblo, y a personas concretas, y se revela ante ellos en momentos y espacios concretos. Esta circunstancia confiere a la Biblia un “estatuto” especial, de ser el único libro de religión cuyo contenido histórico se puede verificar de forma antropológica, arqueológica, paleográfica, numismática, etcétera, al menos hasta donde pueden llegar estas ciencias, consideradas auxiliares de la ciencia Teológica. 

Importantes antropólogos bíblicos vienen trabajando sobre el suelo y subsuelo de Palestina en busca de pruebas sobre los relatos bíblicos respecto a los hechos históricos.

En España contamos con dos licenciaturas de investigación bíblica, como Arqueología Cristiana y Estudios Orientales Antiguos. Pero, la Biblia trasciende a los estudios científicos e incluso a la razón humana, al configurarse como palabra de Dios revelada, fuente de la espiritualidad cristiana, mensaje que cobra actualidad permanente, que guía al hombre en sus tristezas y alegrías.

La Biblia, o Sagradas Escrituras, está compuesta por dos grandes bloques, Antiguo Testamento, con 46 libros, y Nuevo Testamento, con 27 libros. El Antiguo Testamento trata de la experiencia de salvación del pueblo de Israel y del establecimiento de unas Alianzas con el hombre por iniciativa de Dios, con el “fin principal de preparar la venida de Cristo”, y de su “reino Mesiánico” (constitución del Concilio Vaticano II, “Dei Verbum”, nº 15). En el Nuevo Testamento se cumplen las expectativas que anuncia el Antiguo Testamento, con la venida histórica de Jesús, porque “la palabra de Dios se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado” (“Dei Verbum”, nº 17).

El Antiguo Testamento presenta numerosos géneros literarios y un lenguaje que para no pocas personas resulta engorroso, por la falta de familiaridad. Sin embargo, el Nuevo Testamento, que contiene los Evangelios, está escrito con un lenguaje más directo y cercano.

El Papa, Benedicto XVI, ha pedido a todos los creyentes que lean todos los días la Biblia. El Santo Padre ha recordado a san Jerónimo (347-420), uno de los biblistas más importantes de todos los tiempos, traductor de la versión latina de las Sagradas Escrituras.

Benedicto XVI ha indicado que es imprescindible para todos los creyentes acercarse a los textos bíblicos, pues “ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”. El Papa ha recordado la necesidad de familiarizarse con la constitución “Dei Verbum”, y ha comentado que “leer la escritura es conversar con Dios”, porque mediante los textos sagrados “Dios habla a los fieles cada día”.

De tal forma que esa falta de familiaridad en la lectura de la Biblia se convierte en familiar de manera progresiva. Los escritores sagrados recibieron la inspiración, como dice Pablo: “el Evangelio anunciado por mí no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gal 1, 11-12).

Todo esto teniendo en cuenta que la Palabra revelada no es sólamente un conjunto de signos lingüísticos, la Palabra es una persona, “la explicación del propio ser y actuar” de Cristo (carta encíclica “Deus caritas est”, nº 12, de Benedicto XVI).

La Palabra es la verdad absoluta y radical. No hay pensamiento filosófico ni político que sea tan completa y trascienda como la Palabra revelada, con la que se alcanza la libertad plena de conciencia, con independencia de la situación física de cada uno, porque se puede estar recluido de muchas maneras y, sin embargo, “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,9).

*Periodista